NO PENSE PASAR POR ESTO “Le hice sentar en mi regazo no sé ni por qué”
Chalito es el apodo de un jugador de fútbol del interior del país que alguna vez pasó por Cerro Porteño, pero que perdió potencia después de un accidente de tránsito así que se mudó a su valle y juega en la segunda división del interior. El cuenta que aunque volvió a su ciudad natal, su situación económica ya era otra (invirtió bien su dinero, compró propiedades y hasta es dueño de cinco taxis que hace trabajar), así que compró allá un chalet de paquete y decidió vivir solo. Eso molestó a sus padres que no entendían por qué teniendo su casa de infancia, viviría en otro lado. Chalito, por su parte, explica que su “problema” empezó después de mudarse…
Chalito tiene actualmente 31 y tenía 19 cuando jugó en Cerro Porteño y ganó buena plata ya que lo mandaron de préstamo a un club argentino. A sus 26 años sufrió el accidente de tránsito del que quedó bastante bien, solo que su físico ya no era el mismo: “antes de comenzar a fallar en el club que me dio todo, yo mismo arreglé para retirarme. Yo estaba tranquilo porque gracias a Dios siempre ahorré cada peso que gané, y mi representante hizo trabajar mi ganancia”, explica.
Fue también su representante quien gestionó la compra del chalecito en su ciudad natal: “estuve muy tranquilo viviendo solo aunque mis padres se enojaron por eso. Después entendieron que yo ya soy un hombre grande y que aunque no estoy casado ni tengo hijos, ya quiero vivir mi independencia. Bien estaba, tranquilo. Una señora me limpiaba la casa dos veces por semana, pero después ella se enfermó y me pidió que le reciba a su hermana en su lugar, y me dijo que si yo quería se podía quedar sin retiro y tener día libre los fines de semana. Bueno, le dije, pero por el cariño que yo le tenía a esta señora que era de mi total confianza”.
RITA
Chalito dice que así fue que Rita apareció en su casa con un bolso y una sonrisa tímida en la cara: “ella tendrá mi edad, pero parece mucho más joven. Podría decirse que es atractiva pero a mí no es que me llamó la atención porque uno no se fija en su empleada, o sea, yo no soy así, para mí el personal que trabaja conmigo es sagrado, ese es mi pensamiento. Lo único que yo le pedí es que no meta a nadie en mi casa en mi ausencia, y ella me preguntó si su novio le podía visitar, me dijo que trabaja en el taller y me pidió permiso para recibirle a él”.
Chalito le dijo que no: “le dije que cuando yo estoy no hay problema, pero no quiero extraños en mi casa si no estoy. Estuvimos de acuerdo, pero había sido ella le recibía en el portón, y ahí se besuqueaban. Cuando ví eso una tarde me dio lástima, me bajé del auto y le llamé a mi empleada y a su novio, y me sorprendí al encontrarme con un chiquilín de colegio, con su uniforme y todo. Mi empleada tenía la cara como tomate y yo le dije Rita, ¿no tenés miedo de que te manden presa?”.
En realidad, Chalito solo bromeaba, ya que según dice, no tenía intenciones de meterse en la vida de su empleada: “al chiquilín se le notaba embobado así que yo le dije a Rita que le invite a cenar, que a mí no me molesta y esa noche no iba a salir, pero el pendejo tenía que irse a su casa a pedir permiso y a la media hora volvió. Cuando nos quedamos solos le pregunté si está enamorado de mi empleada y me dijo que no es tanto eso, sino que Rita es más mujer que cualquiera que conoce”.
A Chalito le puso curioso ese comentario: “le dije que si por qué me decía eso y él me dijo que en confianza me decía que ella tenía un c… divino. Me cagué de risa de él, y ahí quedó porque cenamos y el pendejo se fue, pero a mí como que se me quedó lo que él me dijo. Ese fin de semana yo fui a Asunción porque no comenzaban todavía los partidos y el domingo a la noche cuando volví, Rita ya estaba en la casa. Me bañé y le invité a tomar una cerveza, y había sido ella no está acostumbrada y enseguida se mareó, situación que aproveché para comentarle lo que me dijo ella su novio pendejo”.
Antes que avergonzarse, a Rita le gustó el comentario: “me dijo que a ella el gustan los jovencitos y no los maduros, y por qué, le dije, y me dijo que porque los hombres demasiado rápido se vuelven arruinados, y que cuando tiene treinta ya no pueden hacer dos o tres veces seguidas, y tampoco se arman como un pendejo. Le dije que a lo mejor los treintañeros que le tocaron eran inútiles nomás, pero ella me discutía y entonces le dije vení a tocar acá a ver si este treintañero es o no arruinado”.
DESUBICADO
Chalito dice que él sabe que se desubicó incitando así a la mujer que trabaja en su casa, pero que la cerveza y la situación (eso de estar solo con Rita en su casa en un día domingo) lo llevó a ese error: “pensé que se iba a reír y ahí iba a terminar la cosa, pero ella y me palpó el buzo. Me dijo: disculpame jefe pero ahí no hay nada. Me reí de ella y le hice sentar encima de mi regazo, ¿y ahí ya sentís algo?, le dije, y ella me metió la mano en el buzo y buscó lo que buscó”.
El jugador explica que en realidad él tiene novia, que ella es una chica que estudia el segundo año de una carrera universitaria en Asunción, que es muy fina y que ella es su ideal de futura esposa: “a mí no me gusta cabezudear porque tengo claro que me quiero casar y formar un hogar, pero no puedo negar que esta caricia que me hizo Rita me gustó, y le dejé que siga adelante. Creo que quería ver si qué se animaba a hacer, y ese fue el momento en que ella se paró frente a mí y se sacó su ropa interior”.
“Rita me hace feliz”
Chalito cuenta que mil ideas se le cruzaron por la mente cuando vio a Rita desprendiéndose de su ropa íntima: “se suele decir que los hombres no piensan en las consecuencias pero yo sí pensé, y le dije a ella que no quiero tener problemas después. Ella me dijo que ya no es una pendejita, que sabe lo que hace y que no se acostumbra a reclamar nada cuando ella es la que quiere que pase algo. Se subió encima mío y procedió, como toda una experta”.
El jugador de fútbol tuvo sexo con Rita y después la mandó a su dormitorio: “no quería comprometerme más porque no sabía si ella realmente no iba a reclamar nada, pero en los días que siguieron me di cuenta de que era verdad y que podía estar tranquilo. Ella me cuidó mucho más después de esa intimidad que tuvimos, y yo le llamaba a cada rato por celular a ver si necesitaba algo. Un compañero llegó a decirme que nunca vio a nadie preocuparse tanto por su empleada, pero ya de segunda me dijo, y me dio vergüenza”.
¿TODO OK?
Como Chalito no volvió a ver al noviecito colegiante de Rita, le preguntó a ella qué pasó de él: “me dijo que el pendejo comenzó a hablar de ella entre sus amigos y que por eso le cortó el chorro. Estuve de acuerdo, porque el hombre no puede hablar de una mujer con la que tiene algo. Nosotros no volvimos a estar juntos hasta que mi novia vino a quedarse una semana, por vacaciones, y ahí me pasó algo raro”, cuenta el jugador.
Dice que en lugar de querer estar con su novia, se le antojó añorar a su empleada: “una madrugada me levanté y me fui a entrarle en la pieza. Corrí mucho peligro porque mi novia podía despertarse, pero no me importó. Rita llavea su puerta así que le toqué despacito y ella me abrió y me vio en bola. Sin preguntarme nada me acarició y tuvimos sexo parados, y después me fui a acostar tranquilamente al lado de mi novia”.
Chalito está preocupado por su vida sexual: “ya comenzamos a hablar de matrimonio con mi novia y yo quiero que ella sea mi esposa, pero no me quiero desprender de Rita porque ella es la que me hace feliz en el sexo”, termina contando. FIN DE LA HISTORIA















